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  • ¿Qué tiene Borges que ver con Hitler?

    El Evangelio según Hitler, según Marcos Peres

     Se asume obsesionado con Jorge Luis Borges y fue al leer un cuento del argentino como nació El evangelio según Hitler. Polémica a un lado, Marcos Peres quiere mostrar que teorías de la conspiración hay muchas.

    Autora: Sara Otto Coelho

    ¿Y si Judas hubiese denunciado a Jesucristo no por maldad sino por un bien mayor que el mundo desconoce? En El evangelio según Hitler, primer libro de ficción del brasileño Marcos Peres, el dictador más odiado de la historia contemporánea desempeña un papel semejante al de una versión de Judas creada por el argentino Jorge Luis Borges: él no es la fuente de todo mal sino un hombre que sacrifica su nombre y reputación por un bien mayor. Sabe que será odiado para siempre, pero cree que el mal que va a infringir es necesario. Tras el éxito alcanzado en Brasil, El evangelio según Hitler llega a España, por la editorial Maresia Libros.

    Marcos Peres solía escribir y, al final, esconder, el manuscrito en un cajón. Nunca imaginó que el primer libro que publicaría tendría en Brasil una portada roja con una esvástica y el nombre de Hitler en relieve. Con su timidez asumida, el escritor, que también trabaja en el Tribunal de Justicia del Estado de Paraná jura a la periodista que nunca quiso provocar controversia.

    Pero, antes de la polémica, la inspiración. Marcos Peres se confiesa obsesionado con el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). Por eso quiso homenajearlo aquí con una «interpretación grotesca. Hasta convertirlo en el germen del nazismo», explica. «La idea para El evangelio según Hitler nació tras la lectura del cuento Tres versiones de Judas, donde Borges escribe, precisamente, sobre tres versiones diferentes de Judas. «Una de las interpretaciones es diferente a la que conocemos en la Biblia: ese Judas cometió un acto maligno [denunciar a Jesús, lo que contribuyó a su muerte en la cruz], pero es un mal necesario para un bien futuro», cuenta Marcos Peres.

    Según dicha interpretación, solo existiría el bien después de este acto, tan maligno como altruista. «En la broma de Borges, Jesús renunció a su propia vida. Pero Judas hizo algo mucho más grande, renunció a la memoria, ya que sobrevivió su mala imagen en la historia universal. Me pareció muy herético, muy fuerte.» Marcos Peres tomó la idea, pensó extender las tres versiones de Judas y escribir una novela. «Quería que Borges fuese mi personaje porque lo conocía bien.» De ahí que el protagonista del libro sea un homónimo del escritor. «Tenía a Borges, tenía a Judas y necesitaba a alguien relacionado con el mal,» explica. Hitler fue el elegido por ser contemporáneo del escritor argentino. En cierto momento de la historia, el protagonista es introducido en el círculo nazi e inspira la idea de que el nazismo es un mal necesario de cara a un bien mayor, aunque secreto. Es decir, Hitler acaba por ser Judas al sacrificarse frente a la humanidad como la encarnación del mal. Jamás nadie hablará bien de Hitler en los libros de historia, del mismo modo que nadie elogia a Judas.

    Cualquier parecido en las páginas iniciales con el estilo ficcional de Dan Brown no es pura coincidencia. En la época, el autor de El código Da Vinci, cuya historia se centra en la familia secreta de Jesús, dominaba las listas de ventas de todo el mundo. No obstante, a pesar de tocar el tema de la religión, El evangelio según Hitler es una historia diferente. «La verdad es que hice una crítica a las historias de Dan Brown. El modelo que utilicé para escribir el libro es de Umberto Eco,» subraya.

    En el libro que el escritor y filósofo italiano lanzó en 2010, El cementerio de Praga, se da una teoría de donde varios hechos están vinculados a la conspiración. «Eco lo mete todo dentro de un caldero y, aunque esté conectado entre sí, al final dice: he escrito una teoría de la conspiración que en apariencia tiene sentido, pero no quiero que la compréis. Mirad todo con ojos críticos. A pesar de los hechos ser lógicos, son poco realistas. Es casi como Dan Brown solo que en el lado opuesto, porque Dan Brown inventa una teoría de la conspiración fácil y al final la vende. Ese es el secreto de su éxito, afirma Marcos Peres, que confiesa no ser fan del estilo.

    El libro empezó siendo una broma y Marcos escribió sin pudor, convencido de que el manuscrito acabaría en el cajón de su escritorio, como los anteriores. La escritura de este funcionario era «casi secreta, un acto de confesión sobre el papel,» explica. Pero el libro acabó por llegar a una editorial. «Se lo envié a un par de amigos, que me sugirieron que lo enviara a un concurso con pseudónimo. Estaba convencido de que no tenía ninguna oportunidad, ni aunque fuera por el título; y porque el premio Sesc es estatal.» Aun así lo envió. Como respuesta ganó el premio y una transformación muy brusca en su vida. «De un día para el otro tuve que declararme escritor, y salí con una portada muy polémica,» recuerda.

    Cuando el libro se publicó, Marcos intentó justificarse con miedo a las represalias hacia su familia. «Tuve miedo de que le dijeran a mi abuela: ‘Su nieto has escrito un Evangelio según Hitler.» Defiende que en la literatura no se puede tener miedo y pensar que pueda haber alguien a quien no le guste, o que le vaya a dar miedo. «En ese momento intento centrarme en qué pide la escritura. Esta tiene voz propia,» afirma. Vincular a Borges y a Hitler tampoco ayudó a disminuir la polémica. Le preguntaban si era nazi o ateo, «La portada roja con la esvástica fue un problema, jamás habría imaginado que mi primer libro iría asociado a una esvástica, y había mucha gente que no sabía si era ficción o no.»

    ¿Puede la religión ser una teoría de la conspiración? «Sí,» responde sin conservadurismo el autor. «La teoría de la conspiración existe en muchos aspectos de la vida, desde la religión hasta la creencia popular. Creo que debemos aprender a observar con una mirada más crítica.»

    Actualmente, Marcos Peres sigue trabajando en el Tribunal de Justicia. Conciliar ese trabajo con la profesión literaria no ha sido fácil y su objetivo es ser escritor a tiempo completo. La timidez empieza a quedarse a un lado. Un segundo libro fue publicado en Brasil en junio del año pasado. Se titula Que fim levou Juliana Klein y es una historia policiaca que transcurre en el país de la samba. «Mucho menos polémica,» promete.

  • ENTREVISTA A TONY BELLOTTO: RÍO NOIR

    Río de Janeiro: “Esta ciudad es un enigma a descifrar”

     

    Tony Bellotto nació en São Paulo en 1960. Guitarrista y compositor de Titãs, una de las bandas más influyentes del rock brasileño de los últimos 30 años, Tony se estrenó en la literatura en 1995 con la novela policial Bellini y la esfinge, a la que siguieron Bellini y el demonio (1997), Bellini y los espíritus (2005) y Bellini y el laberinto (2014). Las andanzas y pesquisas de Remo Bellini serán publicadas por Maresia Libros. Desde 1999, Bellotto presenta el programa Afinando a língua, en el Canal Futura, que parte de la literatura y de la música para hablar acerca de la lengua portuguesa y sus formas de expresión. La última incursión de Bellotto en el género criminal ha sido la edición de Río Noir, una colección de relatos policiales ambientados en Río de Janeiro.

     

    P- Todo libro especifica lo diverso, lo enmarca o acota, más aún tratándose de una antología. En este sentido, ¿podría sintetizar cuáles son los rasgos distintivos de la actual ficción policial brasileña?

    R- No hay una literatura policial brasileña propiamente dicha. Hay pocos autores que se dediquen específicamente al género; no obstante, a partir de las últimas décadas del siglo XX, la ficción noir ha ido adquiriendo un estatus de “culto” y muchos escritores han hecho uso de sus técnicas, si bien como una referencia posmoderna. Existen también algunas vertientes paródicas que operan con pastiches y clichés de la narrativa negra norteamericana. La gran literatura policial brasileña está en los periódicos, somos una nación pródiga en homicidios, Río de Janeiro especialmente. En esa avalancha de asesinatos hay una enorme variedad: crímenes de toda especie habitan nuestro imaginario con la misma intensidad con que figuran en los titulares de los diarios y noticieros de la televisión.

     

    P- Raphael Montes —tal vez uno de los jóvenes narradores brasileños con mayor proyección internacional— concluye su relato “La historia de Georges Fullar” con una crítica radical y feroz al género policial practicado en Brasil en los últimos años: “Tal vez así la novela policíaca brasileña por fin salga de la mierda en la que está sumergida”, ¿a qué mierda se refiere Montes, Sr. Bellotto?

    R- Montes se refiere a un cierto prejuicio que existe por parte de los críticos y lectores más “académicos”, que insisten en rotular la literatura policial como una forma narrativa menor. Eso es fruto del provincianismo inherente a la cultura brasileña como un todo. En mi opinión, un libro como Río Noir redime el género negro brasileño y lo saca de la mierda. Pero eso les toca a ustedes, lectores, juzgarlo.

     

    P- Río Noir contiene catorce relatos policíacos escritos por catorce autores y autoras brasileños, entre otros Alfredo Luiz Garcia-Roza, Victoria Saramago, Marcelo Ferroni, Adriana Lisboa, Luis Fernando Verissimo, Raphael Montes y usted mismo. ¿En qué medida esta antología representa una muestra de la ficción noir que hoy se escribe en Brasil? ¿Están todos los que deben estar o falta alguno? ¿Por qué seleccionó a estos autores (algunos de los cuales no son especialistas en novela negra)?

    R- Como dije anteriormente, en Brasil no hay muchos escritores “policiales”, especializados en el género. Lo cual, por otro lado, fue algo bueno, pues al invitar a escritores de diferentes estilos, el resultado ha sido, creo, una antología ecléctica, variada, tanto formal como temáticamente. Hubo algunos autores que no pudieron aceptar la invitación por estar ocupados en otros proyectos, pero en general a todo el mundo le tentó la oportunidad de aventurarse por la literatura policial. Todo escritor que se precie ha vivido grandes emociones leyendo a Poe, Conan Doyle, Agatha Christie, Hammett, Chandler, Simenon, Vázquez Montalbán…

     

    P- ¿Qué consignas les dio?

    R- La única instrucción fue que tenían licencia para crear lo que quisieran. Ésa fue también una de las premisas que Johnny Temple —el editor de Akashic y creador de la serie “Ciudades Noir”, a quien debo la honra de haber sido convidado a editar un trabajo tan estimulante— me indicó a mí mismo. El cuento de Arnaldo Bloch, por ejemplo, es de una creatividad que a mi parecer revoluciona la definición del género. Porque ¿qué es un cuento noir a fin de cuentas? La definición de noir, hoy en día, es tan vasta como la de jazz. Esta antología negra sobre Río es un contenedor en donde cabe de todo. Ateniéndonos a Edgar Allan Poe, el noir es, en esencia, una atmósfera, un clima.

     

    P- Los catorce relatos de Río Noir están estructurados en cuatro bloques (“Ciudad dividida”, “Fuentes murmurantes”, “Purgatorio de belleza y caos” y “Río Babilonia?), ¿a qué se debe esta organización?

    R- Leyendo los libros de la colección “Noir” de Akashic, reparé en que muchos de ellos estaban divididos en partes, no sólo con objeto de deslindar la amplia nómina de autores que participan en cada volumen, sino para establecer un sentido de orientación en relación con la ciudad abordada. Me inspiré en versos de canciones muy conocidas en Brasil para dividir los cuentos según una geografía subjetiva de Río. “Fuentes murmurantes”, por ejemplo, es un verso de la famosa Aquarela do Brasil que remite a las florestas que circundan e invaden el espacio carioca; mientras que “Purgatorio de belleza y caos” está tomado de una canción de Fernanda Abreu. Como músico, nunca puedo dejar de lado la música, nunca. Las otras dos secciones que articulan Río Noir —“Ciudad dividida” y “Río Babilonia”— aluden, respectivamente, al título de un libro muy leído en Brasil que analiza la cuestión urbana y social carioca, en donde las favelas conviven con complejos de edificios de lujo, estableciendo unas fronteras radicales dentro de la propia ciudad, y al carácter babilónico, multirracial y multicultural, excitante, de una metrópolis como Río.

     

    P- Cada cuento presenta como telón de fondo un barrio carioca —de Leme a Bangu, pasando por Lapa, Ciudad de Dios, Leblon, Floresta da Tijuca, Jacarepaguá, Ipanema o Copacabana—, ¿indicó usted a cada autor el barrio en donde debían situar la acción de sus relatos o eligieron ellos, libremente?

    R- La división por barrios, o áreas de la ciudad, es una de las “reglas” de Akashic. Al invitar a cada escritor, le daba libertad para escoger el barrio en el que le gustaría ambientar su relato. En cuanto uno era escogido, avisaba a los otros autores que aquel barrio ya tenía “dueño”. Fui el último en escoger.

     

    P- Por las páginas de Río Noir desfilan proxenetas, adivinas, coroneles, policías, narcos de las favelas, celebridades, timadores, turistas, detectives, periodistas, políticos, asesinos, editores, escritores y gigolós… un abigarrado microcosmos humano, pintoresco como poco para la mente europea, ¿quedó alguien fuera, Sr. Bellotto?

    R- Creo que no faltó nadie. Esa diversidad de tipos es una característica de la ciudad de Río y de cualquier otra metrópoli americana. Aparte de ser también un rasgo de la literatura policial contemporánea, que incorpora a sus filas personajes que transgreden los límites de los tradicionales criminales, policías, detectives y mayordomos del pasado.

     

    P- El gran protagonista de esta antología es sin duda Río de Janeiro. “Esta ciudad es un enigma a descifrar”, apunta usted en el prólogo a Río Noir, y la curiosidad se aviva e inquieta cuando reparamos en la cita de Rubem Fonseca que abre el libro: “La ciudad de Río no es el paraíso que se otea desde el Pão de Açúcar”. ¿En qué se cifra, Sr. Bellotto, ese enigma? ¿Queda desvelado tras la lectura del último de los relatos?

    R- Bueno, si algún lector español consigue descifrar el enigma de Río después de la lectura del último cuento, avíseme, por favor. Aún estamos intentando resolverlo, se lo garantizo. Lo que sí tal vez hayamos conseguido es proyectar una sombra en el soleado paisaje de esta maravillosa ciudad.

     

    P- Frente a las acusaciones de ser un mero entretenimiento de rápida deglución (un sambenito que el noir arrastra desde sus orígenes en los márgenes del establishment literario), muchos críticos literarios y aficionados a la lectura defienden con ardor que el noir es el género narrativo que con más profundidad de miras retrata la condición humana de principios del siglo XXI, mayormente urbana, diversa y desigual, babilónica, ¿cómo lo ve, Sr. Bellotto?

    R- Confieso que tengo un problema con la cuestión de los “géneros” literarios. Para mí existe la literatura, y punto. Un libro puede ser bueno, o malo… o así así. El género negro es sobre todo urbano, y las ciudades casi siempre aparecen como personajes fundamentales en las tramas. La definición de noir también es vasta. Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov, por ejemplo, son elocuentes muestras de literatura policial de altísima calidad.

     

    P- Río es una metrópolis solar, pero… ¿está usted de acuerdo, Sr. Bellotto, en que a menudo un exceso de luz y color —más que iluminar— ciega?

    R- ¡Sí! ¡Ciega, deslumbra… y asfixia! El calor de ese sol que se abate sobre Río en ocasiones consigue que no podamos ni razonar.

     

    P- Hay ruido y furia, brutalidad, crudeza a raudales en Río Noir. Sin embargo, en muchos de los relatos aflora el proverbial buen humor carioca, ¿cómo caracterizaría usted este tipo de humor, esa manera, digamos, de afrontar la vida de las gentes de Río? ¿Es un forma de supervivencia o de evasión?

    R- El humor es una cualidad fundamental del carioca. En las mayores tragedias, en las más profundas desgracias, el carioca es siempre capaz de reírse de sí mismo y hacer chistes con los asuntos más mórbidos. Eso quizá explique cómo poblaciones tan desasistidas consiguen sobrevivir en condiciones infrahumanas, como encontramos en las favelas, en donde no hay ni alcantarillado y sobran tiros y violencia generalizada.

     

    P- Entre tanta violencia (sexual también), cabe el amor. En este sentido, destaca la ternura del cuento de Alfredo Luiz Garcia-Roza, “El botín”. El personaje de Rita, la joven putilla enamorada de Ratón, un proxeneta de poca monta, es entrañable.

    R- Es una bella historia de amor y lealtad entre dos seres marginales: flores en las grietas. Hay más amor de lo que parece en Río Noir. Hay crímenes motivados por venganza o resentimiento amoroso, y también criminales inadvertidamente asaeteados por Cupido.

     

    P- Usted forma parte del grupo de rock Titãs, un referente del rock brasileño, ¿cómo llegó a la novela negra y cuáles son sus referentes literarios favoritos? ¿De qué mimbres está hecho Remo Bellini, el detective paulino cuyos casos (cuatro hasta la fecha, que también publicará Maresia Libros) viene escribiendo desde 1995?

    R- El deseo de escribir me viene de la infancia, paralelo al de ser un guitarrista de rock. A los 33 años ya era un músico profesional, pero me faltaba cumplir el sueño de la literatura. En aquella época la novela policíaca me pareció más fácil para iniciar una carrera literaria, pues había un camino a seguir (un enigma a resolver). Así nació Remo Bellini. Es un descendiente directo de Philip Marlowe, de Chandler, aunque en su ADN también lleva genes de Arturo Bandini, de John Fante, y de Nick Adams, de Hemingway. Aparte de éstos, también me han inspirado mucho Vázquez Montalbán, Simenon, Hammett y Rubem Fonseca.

     

    P- Aunque sus descendientes sean norteamericanos, Remo Bellini es un detective cien por cien brasileño. Caracterícelo con tres adjetivos, por favor.

    R- Melancólico, existencialista y romántico.

     

    P- Cambiemos de tercio, Sr. Bellotto. ¿Cree usted que los atletas españoles tienen motivos para preocuparse del zika?

    R- Creo que no, la epidemia ha remitido con la llegada del invierno. Además, ellos tendrán cosas peores de las que preocuparse. Esquivar las balas perdidas, por ejemplo. Es broma, la ciudad será tan segura como cualquier otra metrópoli en donde se hayan celebrado unas Olimpiadas.

     

    P- La película Ciudad de Dios es un reflejo de lo que en verdad sucede en los barrios más pobres de Río de Janeiro?

    R- Sí, un retrato tal vez incluso más romántico de lo que sucede hoy en día.

     

    P- ¿Es Brasil un país tan corrupto?

    R- Por desgracia, las evidencias apuntan que es un pozo de corrupción sin fondo.

     

    P- Por último, Sr. Bellotto, ¿algún aviso o consejo a los navegantes españoles que quieran cruzar el gran charco y asistir a las Olimpíadas?

    R- Vengan, no se echen atrás, Río es fascinante. Y, como decía Vinícius de Moraes: “Son muchos los peligros de esta vida, sobre todo para quien tiene pasión”.

     

     

    MARESIA LIBROS

    Colección: MARESIA NEGRA
    Género: Narrativa policíaca
    Traducción: Juan Pablo Villalobos
    Diseño de colección y cubierta: Eduard Serra
    Formato:
    14×21,3 cm
    304 páginas
    Rústica sin solapas impresa a doble cara
    ISBN: 978-84-944501-8-1
    P.V.P.: 21,50€
    Fecha de publicación: Junio de 2016

     

    TEXTO DE CONTRACUBIERTA

    La novela negra ha roto sus fronteras. Desde Baker Street y los barrios bajos de Estados Unidos, ha saltado al Mediterráneo, los países nórdicos, Extremo Oriente… y Brasil. Río de Janeiro —«purgatorio de belleza y caos», como cantó Fernanda Abreu— es el escenario de catorce relatos policíacos escritos por algunos de los narradores brasileños más afamados del género: entre otros, Alfredo Luiz Garcia-Roza, Victoria Saramago, Marcelo Ferroni, Adriana Lisboa, Luis Fernando Verissimo, Raphael Montes y Tony Bellotto, quien además edita la compilación y redacta un esclarecedor prólogo acerca del género negro en las letras brasileñas.

    Cada cuento presenta como telón de fondo un barrio carioca —de Leme a Bangu, pasando por Lapa, Ciudad de Dios, Leblon, Floresta da Tijuca, Jacarepaguá, Ipanema o Copacabana—, dibujando un vasto mosaico urbano por el que desfilan proxenetas, adivinas, coroneles, policías, narcos de las favelas, celebridades, timadores, turistas, detectives, periodistas, políticos, asesinos, editores, escritores y gigolós.

    Río —una ciudad babilónica, fracturada entre una clase media cosmopolita y una población desamparada en comunidades miserables, quintaesencia de un país de enorme desigualdad social y escandalosa violencia— es un enigma a descifrar cuyo secreto va mucho más allá de las vistosas postales turísticas, pues a menudo —como bien saben todos los amantes del noir— un exceso de luz y color —más que iluminar— ciegan.