Nadie te prepara para ser la madre de tu madre: LA MADRE ETERNA

 EL ORIGEN DE LA NOVELA

 

P- ¿Cómo surgió la idea del libro?

R- La madre eterna se me impuso debido a la extrema vejez de mi madre. Gracias a esta novela, logré aceptar el pasaje de la condición de hija a la de madre de mi madre, un trance sumamente difícil. De repente, tenemos que empezar a cuidar a quien siempre nos cuidó y a elaborar un duelo antes incluso de que esa persona muera. No hay manera de escapar de ello. Pero, ¿cómo soportarlo y de qué forma obrar?

Al escribir La madre eterna, me deparé con un drama al cual padres e hijos están sujetos cada vez más: el de la vejez extrema. Precisamente por eso, la longevidad es uno de los temas del Museo del Mañana de Río de Janeiro, un museo que debería servir de ejemplo para varios otros.  En uno de los paneles puede leerse: «Seremos aún más numerosos, y algunos vivirán por mucho tiempo. Seremos más longevos, y en muchos lugares se vivirá tres veces más que durante el Imperio Romano. Los ancianos serán tan numerosos como los niños…». Es obvio que la longevidad tendrá consecuencias importantes para el planeta.

 

EL MARAVILLOSO MUNDO MÁGICO

 

P- En la novela usted sostiene que debido a la longevidad extrema, sería necesario inventar otro mundo para los ancianos.

R- Sí, un mundo inofensivo y mágico. En ese mundo, el fuego no quema y el gas se apaga automáticamente. Así un anciano no correría el riesgo de quemarse o incluso de morirse a causa de un olvido. En ese mundo, bastaría con tener una idea para que ésta se realice. Si por casualidad un anciano imagina que está yendo del comedor a la cocina, el suelo se desplaza y lo lleva hasta la cocina, por ejemplo. Con ese desplazamiento, tendrá la sensación de andar como siempre anduvo. Uno de los grandes temas actuales es nuestra longevidad. ¿Cómo afrontarla sin excluir o maltratar a los ancianos? La heroína de La madre eterna busca soluciones y a veces las encuentra.

 

LA HISTORIA DE LA NOVELA

 

P- ¿Podría contar la historia de la novela?

R- La madre de la narradora está casi ciega y casi sorda, tiene dificultades para moverse y come como un pajarito. Ante la imposibilidad de dialogar con esa madre, que se encamina hacia su centenario, la hija narradora le escribe a la madre que perdió ‒imaginaria– y le cuenta el drama que está viviendo.

Pese a su edad, la madre real se conserva vivaz y hace lo que le da la gana. “Da chascos” a quienes intentan domarla con recomendaciones sobre los médicos, los remedios y la alimentación. O despide a su cuidadora; pero cuando la hija llega con una nueva, ella “por casualidad” reencuentra a la anterior, quien obedece sus caprichos sin chistar. Se trata de una anciana muy graciosa, que le hace poco caso a los miedos de su hija.

 

LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA

 

P- Sus lectores van a reírse, pero también se las verán con cuestiones serias.

R- Eso era obligatorio. Al reflexionar sobre la condición de la madre, la hija que narra la novela se pregunta hasta cuándo debe prolongarse la vida y cuestiona la conducta del médico, el cual procura vencer a la muerte a cualquier precio. La función del médico es la de tratar, y no la de prolongar la vida indefinidamente, sin tener en cuenta el costo objetivo y subjetivo de ello. A partir del momento en que la persona pierde su independencia, en caso de que quiera irse, hay que ayudarla. La vejez extrema puede ser tan sufrida como una enfermedad terminal. Si lo que queremos es humanizar el final, debemos respetar ese derecho a morir. En general no tomamos conciencia del mismo, pues nos educan para aceptar el sufrimiento. La narradora de La madre eterna no acepta esa educación.

 

LA OBSESIÓN TERAPÉUTICA

 

P- ¿Es usted favorable a la eutanasia?

R- Estoy en contra de la obsesión terapéutica. Cuando alguien quiere morirse, compete al médico suspender el tratamiento y poner a disposición sus recursos a los efectos de facilitarle la muerte. Nadie desea morir, pero sí puede quererlo cuando su vida se vuelve insoportable. En ese caso, desoírlo es una crueldad.

P- es difícil separarse de un ser querido…

R- Por supuesto que es difícil. Por eso la hija de La madre eterna dice: «Cuando dices que quieres morir, yo me digo que sería mejor para que no sufras. Sin embargo, procuro silenciar tu deseo». La protagonista siempre es muy ambivalente, pues en esa situación no se puede no serlo.

 

EL DRAMA DE CONVERTIRSE EN LA MADRE DE LA MADRE

 

P- ¿Podría referirse al drama de convertirse en la madre de su madre?

R- Ser la madre de la madre de uno significa perder a la madre, no tener más a la persona que cuida e imaginariamente nos escuda contra la muerte. Se trata de hacer un duelo dificilísimo, pues nos confrontamos con la decadencia de esa persona. En la novela, la narradora se refiere a su madre como a un pajarito al que se le quebró el ala.

 

LA PARTICULARIDAD DE LOS QUE SON MUY ANCIANOS

 

P- ¿Cuáles son las dificultades que existen en el cuidado de un anciano?

R- Además de las dificultades objetivas –tales como la reorganización del espacio físico y el recurso del cuidador especializado– existen dificultades subjetivas con las cuales la mayoría de los cuidadores no están preparados para vérselas. Los viejos sufren debido a la pérdida de independencia, por eso tienden a ser negativos. Antes que nada, lo primero que dicen es no. Esta conducta se vuelve menos exasperante cuando uno entiende que ese no sirve para afirmar su independencia. El problema radica en que, al afirmar su independencia, esa persona corre el riesgo de hacerse daño o poner en peligro su vida, al salir sola a la calle, por ejemplo.

En mi novela, son muchas las escenas en las cuales la hija se desespera al no lograr controlar a su madre. Y llega a la conclusión de que la edad le dio a ésta permiso para hacer lo que le da la gana. A los viejos puede comparárselos con los poetas, quienes tienen licencias de versificación, de sintaxis y de ortografía. Las licencias de los viejos son otras, no catalogables, pues ellos cambian el juego continuamente. Quien se ocupa de una persona anciana debe saber esto y bailar según la música.

 

LA IMPORTANCIA DE LA ESCUCHA

 

P- En la novela, el hermano de la narradora dice que ésta no respeta la libertad de la madre.

R- No se puede dejar que la persona se exponga inútilmente al sufrimiento, que se caiga o que la atropellen. Es necesario evitar las fracturas, pues la rehabilitación de un anciano es difícil: después de una caída, viene la silla de ruedas. La persona que lo cuida debe protegerlo. Esto implica tener una táctica y requiere de un aprendizaje. Es inútil contrariar a un anciano, pues termina por enfurecerse y emperrarse. El cuidador debe ser particularmente ducho. Debe escuchar, porque cada uno es uno y hay que descubrir una forma de obrar.

 

EL APRENDIZAJE DE LA PACIENCIA

 

P- Esto significa que es posible aprender con los viejos.

R- Sí, aprender a tener paciencia, a no exasperarse. La narradora de La madre eterna dice incluso que tiene miedo de comportarse «como una malvada en lugar de ser el corderito del buen pastor que la madre necesita». Teme perder el control. Creo que en ninguna otra situación he aprendido tanto como en este pasaje de ser hija a ser madre de mi madre, y esto quizá les sirva de consuelo a los que se encuentran en una situación análoga. Pero mi novela no se refiere solamente al duelo: habla continuamente del amor. Porque la hija ama a su madre y la madre está enamorada del sentimiento amoroso, y evoca constantemente la correspondencia con su marido.

 

LA MADRE ETERNA – UNA NOVELA DE AMOR

 

P- Usted también es una enamorada del amor

R- El amor nos lleva al cielo, aunque también puede llevarnos al infierno. La madre eterna habla de la muerte y también del amor. El tema de la muerte a menudo es censurado, pero no es la censura lo que nos protege, sino la conciencia de que somos finitos y que la vida está siempre completa, independientemente de su duración.

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